A la luz de los procesos de individualización social, se han descrito importantes cambios en el ámbito de la intimidad. Es por esto que esta investigación –publicada en la revista Psicologia em Estudo en 2011- indaga en los significados y en la experiencia subjetiva respecto a las relaciones de pareja, focalizándose en la dimensión psicológica de la intimidad.

Se recogieron relatos de vida de hombres y mujeres adultos chilenos, quienes narraron sus historias de pareja. Al hablar de pareja, los narradores no hablaron de intimidad. Transmitieron más bien un sentimiento de temor o amenaza y la intención de evitar al otro en este espacio. De sus relatos se desprende que los ideales de pareja se construyen paradojalmente de manera individual, instalándose una manera de ser en pareja que los investigadores denominaron “monólogo colectivo”.

“En nuestros días, la alianza íntima entre dos personas cobra nuevos sentidos frente a un mundo fuertemente exigente, individualizado y demandante en relación a la búsqueda de autonomía personal.”

Es posible observar hoy en las sociedades occidentales importantes cambios y transformaciones en las formas de constituir pareja, como también en los significados y objetivos sociales de la unión de dos personas. En nuestros días, la alianza íntima entre dos personas cobra nuevos sentidos frente a un mundo fuertemente exigente, individualizado y demandante en relación a la búsqueda de autonomía personal. Los espacios de apoyo mutuo y de solidaridad parecen ser todavía altamente valorados.

El fenómeno de la individualización sería la expresión de cambios socio-culturales ocurridos desde mediados del siglo XX, en que los individuos pasarían desde un contexto de fuerte supeditación a las instituciones, con roles establecidos y fijos, a otros en que deben construir por si mismos su propia identidad.

Asimismo, elegir vivir con uno u otro sería hoy una opción libre y personal, no supeditada – en apariencia- a las demandas sociales y culturales acerca de lo que se espera de una pareja. Se trataría de un proyecto de a dos, que no acepta la intromisión de terceros.

La figura del amor romántico estaría dando paso a otras formas de amor, como el “amor confluente”, el que no aspira a la fusión ni a la disolución de las individualidades de sus miembros, sino que permite mantener la propia identidad personal. Se trataría desde ahora de la búsqueda de una relación “pura”, más democrática, basada fundamentalmente en una intimidad que contempla la comunicación emocional y las recompensas derivadas de ella.

Sin embargo, al menos en los países latinoamericanos, las personas enfrentarían todavía contradicciones asociadas a la aparente paradoja entre la búsqueda de libertad individual y las gratificaciones amorosas de una vida de a dos, entendidas aún a partir de un ideal romántico. Se instala así una tensión entre autonomía e intimidad.

En Chile, según datos entregados por el PNUD (2002), la relación de pareja cobra cada vez más importancia en el repertorio de vínculos sociales, constituyéndose la relación afectiva y erótica como un vínculo con sentido por sí mismo. Frente a un mundo en ocasiones amenazante, se buscaría el espacio de intimidad como un necesario lugar de refugio, un lugar de privacidad alejado de la mirada de otros.

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La intimidad como amenaza

En hombres y mujeres, la intimidad como conexión y cercanía afectiva, se despliega más en la relación con los hijos y no con sus parejas. El lugar de la pareja en las narraciones no es entonces el de la intimidad. Si bien la pareja constituye un punto de referencia en la organización histórica y cotidiana de la propia vida, al mismo tiempo se asocia a una fuente importante de temor y angustia. Estos sentimientos angustiosos tienen que ver, paradojalmente, con la amenaza que significa un otro tan cercano como la pareja. En el caso de las mujeres, este temor se asocia principalmente al fantasma de la sumisión a los deseos y proyectos del otro, mientras que en el del hombre, el miedo es a la devaluación, al sentirse opacado o poco valorado frente a parejas que perciben muy fuertes y dominantes, además de la pérdida de la libertad y la autonomía al estar en una relación de pareja.

Monólogo Colectivo

Uno de los hallazgos que sorprende en este estudio es la impotencia que transmiten los entrevistados para salvar la distancia entre sus expectativas frente al proyecto de pareja y la realidad. De los relatos se desprende que construyen sus ideales de pareja, paradojalmente, de manera individual.

“En las historias hay pensamientos, actos desesperados, reclamos, pero poco diálogo.”

En las historias hay pensamientos, actos desesperados, reclamos, pero poco diálogo. La intimidad por tanto se vuelve elusiva, pendiendo sólo del contacto sexual o de la compra de bienes materiales y muchas veces mediatizada por los hijos.

La palabra, la búsqueda del encuentro, la negociación, todos elementos necesarios para establecer relaciones de intimidad aparecen reemplazados por los actos. Hay un permanente enfrentamiento de necesidades que compiten por ser reconocidas, pero cada uno se declara imposibilitado para darle al otro lo que desea.

La intención de estudiar la intimidad a través de una relación como la de pareja, se ve confrontada con resultados que ponen en cuestión dicho supuesto. Al hablar de la pareja, los entrevistados no hablaron de intimidad. Son otros los elementos que ellos pusieron en juego. La vida en pareja estuvo asociada en sus narrativas al proyecto personal, a la historia de la familia de origen, a la paternidad y al logro material. Es como si la cercanía y la intimidad con un otro irrumpiera desestabilizando el proyecto personal o el proyecto personal de pareja, el cual se construye sin dejar espacio para los límites y particularidades que aportaría el otro. Nuestros narradores dan cuenta de una vivencia ambivalente de la intimidad con la pareja. Por un lado, la perciben amenazante de su propia individualidad y por otro, constituye un espacio idealizado de refugio afectivo.

“Esto termina convirtiéndonos en seres que responden a proyectos diseñados desde fuera, ajenos a la propiedad que cada proyecto personal requiere tener.”

La estrategia desplegada frente a esta ambivalencia es la que hemos llamado “monólogo colectivo”. Cada uno siente la obligación de cumplir con todas las expectativas que sus distintos papeles generan en términos sociales. Esto termina convirtiéndonos en seres que responden a proyectos diseñados desde fuera, ajenos a la propiedad que cada proyecto personal requiere tener. En este modelo no cabe la intimidad, intimidad que requiere el abrirse, la dependencia, el riesgo.

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