Abogado, ex parlamentario, sensible y optimista, Eduardo Díaz del Río (40) ha cambiado algunas experiencias dolorosas de su vida en eventos profundamente transformadores. Por ejemplo, desde pequeño fue el mediador en su familia a la hora que sus padres se separaron y, posteriormente en su vida adulta, como un resiliente que superó la adversidad, convirtiéndola en el motor que le ha permitido liderar, junto a la psicóloga Luz Poblete, la Fundación eNpareja, que busca revitalizar el espacio de la pareja chilena.

En esta entrevista profundizamos en los detalles que dieron vida a este pionero movimiento en palabras de su propio fundador.

– ¿Cómo han sido tus relaciones de pareja?

“Es un tema de comunicación, de señalar lo que se quiere, y creo que es ahí donde he fallado con mis parejas. Qué tipo de compromiso, qué limites y con qué espacios quiero armar la relación. Siempre puse demasiado el foco en agradar al otro y poco en algo también importante que es tener claro también mis necesidades. No es fácil ser pareja, menos en el contexto en el que nos encontramos ahora, que es el de la inmediatez, donde se plantea la necesidad de ‘ser feliz ahora’. No hay tiempo para conversar nada, no hay espacio para construir mucho, no hay que esforzarse ningún segundo en armar una relación que requiera de diálogo y si no funciona ‘chao’”.

El lanzamiento de eNpareja es, de alguna forma, como renacer. Como una respuesta a un existencialismo inquietante, que en algún momento canalizó a través de su vocación pública como diputado.

Díaz tiene ojos verdes que se esconden tras un par de gafas ópticas. Mira fijo. Mira a los ojos. Sabe que el lanzamiento de eNpareja es, de alguna forma, como renacer. Como una respuesta a un existencialismo inquietante que, en algún momento, canalizó a través de su vocación pública como diputado por el Distrito  de la Región de la Araucanía, y que antes se había expresado en la creación de la Fundación Trabajo en la Calle.

“Desde eNpareja queremos proveer la información y herramientas para ayudar a las parejas chilenas, a través de sus tres pilares: sexualidad, complicidad y compromiso. Es decir, potenciar la comunicación en su dimensión física, emocional y racional respectivamente. Esa dimensión es la que intento determine mis relaciones ahora, siendo cómplice y sintiéndome comprendido. Y cuando a esto le agregas, lo físico y la sensualidad, además de tener la madurez de comprometerte sólo en aquello que puedes dar, siendo honesto y claro en tus expectativas es el combo perfecto a mi juicio”, comenta Díaz mientras abre las persianas.

El fin del período parlamentario de Eduardo Díaz Del Río, coincidió con un proceso de separación tremendamente doloroso. A Díaz se le desmoronaba el mundo como lo había conocido. Desaparecían los sentidos.  Sólo quedó concentrarse en vadear ese tremendo curso y asegurarse de que sus hijos no se vieran tan afectados.

“Vino un proceso de mucha reflexión”, agrega. “Algunos recién nos empezábamos a hacer las preguntas de pareja cuando ya estábamos en crisis: cómo comunicarse mejor con el otro, cuáles son las mejores herramientas, los distintos niveles de compromiso. Los paradigmas los vamos tomando de la literatura, de las películas, de la radio, pero todos esos referentes relacionan el amor de pareja con sufrimiento, y generan expectativas enormes respecto a lo que uno va a encontrar en la relación de pareja, poniéndole una carga a un proyecto que quizás es mucho más simple si fuéramos menos ambiciosos”.

Génesis  de la Fundación eNpareja

– ¿Cómo nace para ti, la idea de crear esta fundación?

“La génesis fue en medio de un proceso profundo de reflexión sobre mis propias experiencias desde las que debía renacer algo bueno y porque estaba buscando una actividad que me apasionara nuevamente. En algún minuto con compañeros de colegio habíamos  creado la Fundación Trabajo en la Calle, cuestión que sentí como lo más cercano a algo que me marcó y era una motivación muy personal. En otro momento esas inquietudes sociales mutaron a políticas y, ahí es cuando me presento, a los veintitrés años, como candidato a diputado, pero hoy, en este proceso, me di cuenta que la principal razón para entrar en dicha actividad era aún más profunda,  buscaba la figura de mi padre. Y el impacto de darme cuenta de esto fue muy fuerte. Y ahí me pongo a trabajar, a buscar lo que me gustaba, a repararme y me di cuenta que lo más mío era el tema de lo social y dije ‘voy a intentar hacer otra fundación y el tema que se me cruzó fue éste por aprovechar la experiencia vivida y proyectarla para todos a quienes les sirva’”.

“La Fundación eNpareja es para mis hijos, no como hijos sino como futuras parejas. Yo quiero cortar esta cadena de malas prácticas de pareja que se van heredando y que requieren de una gran energía y trabajo para sanarlas. Quiero mantener las buenas, al fin y al cabo es pega y eso le da un tremendo sentido a nuestra existencia. La fuente de inspiración de la Fundación es fortalecer y ayudar a revitalizar el espacio de las parejas de Chile para que así, donde hayan niños, se fortalezcan ellos también. Hoy ese espacio está invisibilizado por nuestra sociedad, y en la intimidad parece que también. Lo confundimos con el de familia y son espacios distintos. Cuántas veces puede uno imaginar ese diálogo de una pareja donde uno le dice al otro que estuvieron todo el fin de semana juntos y la respuesta puede ser que no es así, que más bien estuvieron con los niños, con la suegra o los amigos, pero en pareja no mucho”.

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– ¿Qué busca ser la Fundación eNpareja?

“Queremos transmitir un mensaje esperanzador. Pretendemos ser un espacio de reflexión para las parejas que quieren recibir ideas, compartir herramientas, hablar en pareja, investigar, promover una cultura de pareja. Lo que buscamos es revitalizar el espacio de la pareja chilena, junto a ello, invitar a la reflexión de lo que esto significa. Queremos influir de manera positiva, abierta y creativa, pero también realista sobre la vida en pareja. Generar información, opinión y debate”.

Díaz reflexiona y se pregunta: “¿Vale la pena arriesgarse a ser pareja? ¿Vale la pena encontrarse en otro, aún cuando el costo de abrirse es sufrir? Y me respondo que sí, porque si no nos arriesgamos, nos quedamos en la superficie y no llegamos ni a un centímetro de lo que somos ni a lo que podemos hacer como individuos.  La pareja hace que las personas saquen lo mejor de ellas mismas”.

– ¿Por qué revitalizar la pareja?

“Porque como sociedad no le hemos dado el espacio a la pareja. Nos hemos enfocado demasiado en el individuo o la familia. Nos enfocamos en los temas jurídicos de las relaciones, pero no en la relación misma. Ahora construimos relaciones desechables, ya sea por miedo a sufrir, perderse a sí mismo o perder la propia libertad; cuando el estar en pareja debiera vivirse como todo lo contrario, que la otra persona pueda seguir siendo su propia esencia con el objetivo de unirse para construir un proyecto en común. Por ejemplo, pasa con el individuo. Las políticas públicas en este contexto postmoderno  han exacerbado al individuo como actor relevante en la sociedad, así también con el matrimonio y la familia que son regímenes que están súper aceptados y trabajados, tanto en políticas públicas como en lo privado, y se les ha otorgado recursos y asistencia. De hecho, la familia y no la pareja, es considerada como el  núcleo de la sociedad”.

“Pero ¿qué pasa cuando hablamos de pareja? Es un espacio completamente abandonado y no está visibilizado en ninguna política pública. Y muchos compartimos el anhelo de tener un espacio de pareja enriquecedor que por de pronto, nos potencie como individuos, si hay familias a nuestras familias, en nuestros trabajos, en fin. Sin embargo, en las conversaciones íntimas con nuestros cercanos nos centramos en cómo la falta de tiempo, las mutuas exigencias, las prioridades individuales y las responsabilidades han desplazado a la pareja a lo último de la lista. Por esta razón en la Fundación nos preguntamos al revés: ¿no será la pareja el núcleo de la sociedad?”.

El pasado parlamentario de Díaz lo persigue, pues está convencido que este es un problema de salud pública. “No se trata de reemplazar al Estado”, dice, “queremos dar herramientas de comunicación, elementos para retomar lo que esta abandonado en lo relacional, que sirva para desarrollar políticas públicas reales para la pareja, herramientas para negociar los espacios (individuales y comunes) y realizar los deseos de cada uno. No creemos en un modelo único de compromiso, pero sí dar elementos que faciliten esa negociación, ese diálogo, ese compromiso”.

Lo que el abogado plantea es, también, acabar con cierto grado de “elitización” en el acceso a herramientas que permitan asistir a las parejas en su proceso de formación, de enfrentamiento de crisis o de consolidación. El trabajo de la Fundación estará enfocado en proveer de esos servicios a sectores de la sociedad para los que, en otras circunstancias, serían un bien suntuario. Un lujo. Plantea hacerlo en un formato distinto a la terapia, un formato de promoción y preventivo¨.

Queremos ayudar en lo que creemos que está el problema, que es en la relación, en la prevención de problemas y enfrentando la negativización del concepto de pareja

“En la medida que nos informemos y tengamos los elementos para comunicarnos en pareja podremos desarrollarnos mejor en espacios personales, familiares y laborales”, agrega. “Las plataformas digitales y los encuentros grupales, en establecimientos educativos y empresas, democratizarán las herramientas en forma masiva y positiva. Queremos ayudar en lo que creemos que está el problema, que es en la relación, en la prevención de problemas y enfrentando la negativización del concepto de pareja”. Y eso no es todo: “Queremos traspasar fronteras, que sea para todos por igual, para todas las edades, tipos de pareja, estrato social, lo más transversal posible, con el foco puesto en la relación y en lo preventivo más que en la regulación legal y lo correctivo”.

– ¿Y cómo ven este proyecto dentro de 10 años?

“Internacionalizado por todo Latinoamérica, con  una cultura de pareja realista. Lejos de lo dramático, de lo fantasioso, de lo doloroso, para disminuir cada vez más las crisis de pareja y que existan más relaciones felices, con comunicación fluida, comprometida, con complicidad.

Díaz es un ávido lector. Hoy los libros que se apilan en su velador tienen, por razones obvias, un foco especial en las temáticas de su nueva Fundación. Pero hay un texto que lo ronda durante toda la conversación. Es de un psicólogo argentino llamado Walter Riso. Se pone sus lentes y lee: “Se sufre demasiado por amor. No hay nada más hipersensible que el amor, nada más arrebatador, nada más vital. Renunciar a él es vivir menos o no vivir”.