Esta expresión, que a más de alguno le parecerá conocida, suele utilizarse para referirse al reencuentro con una expareja por la cual todavía se siente “algo” después de haber terminado una relación. Sin embargo, cuando estoy con parejas en consulta no dejo de pensar en esa frase y me aferro a ella para poder rescatar una relación que se siente conflictuada  o desgastada por los años y pide ayuda para recuperar, a veces desde las cenizas ese fuego que tuvo y que los hizo felices en un momento de sus vidas.

El fuego en la pareja tiene que ver con el aspecto más instintivo entre dos personas.

Si pensamos en lo más esencial para vivir, aparece en mi cabeza el elemento FUEGO como el gran descubrimiento del ser humano, como lo es también darse cuenta que estar acompañado en el calor de una relación, alimenta el espíritu y contribuye a nuestra felicidad . El fuego en la pareja tiene que ver con el aspecto más instintivo entre dos personas: esa chispa inicial, mezcla de química y revolución hormonal que produce esa exquisita combinación de sensualidad y piel que enciende el motor de la PASIÓN y la seducción, que se va transformando en comunicación sexual, uno de los principales pilares de la pareja.

Dejando de lado en esta reflexión las disfunciones sexuales (que requieren de un tratamiento especializado), podemos constatar empíricamente que la gran mayoría de las parejas en problemas han mencionado como causal de éstos la perdida de la pasión, del deseo o contacto sexual; o han referido que los conflictos y desavenencias han afectado este ámbito y que desean recuperarlo como parte importante para continuar la relación.

Mantener el fuego de la relación es una cuestión de piel, pero también de intencionalidad, comunicación y conexión permanente. Haz el ejercicio de traer al presente con tu pareja qué fue lo que hizo encender la llama de la pasión al principio, recordando que para que el fuego conserve su calor por más tiempo lo que hay que hacer es mantener las brasas encendidas y no, necesariamente, hay que echar mucha leña, pues podría terminar ahogándolo.

Activar las hormonas del placer y del amor con pequeños GRANDES detalles como besarse, abrazarse o acariciarse.

Ya lo hemos dicho y, las parejas lo saben, el fuego de la pasión es un componente distintivo de esta relación humana, no podemos quedar indiferentes, aunque a veces pretendamos hacer cómo que no nos importara o que no tiene consecuencias, el que no le demos un espacio real y exclusivo para sentirse y hacer sentir al otro atractivo y deseable, activando las hormonas del placer y del amor con pequeños GRANDES detalles como besarse, abrazarse, acariciarse, mirarse, escucharse, e incluso reconocer ese perfume único en el otro. Y si el fuego fue intenso alguna vez, recuerda que donde fuego hubo cenizas quedan para volver a reavivar las brasas de la pasión. (Profundiza este tema en nuestra edición #2: “Sexualidad Inteligente”).

Escrito por Luz Poblete Coddou, terapeuta de pareja y directora eNpareja Chile.

Donde Fuego hubo...