Ya hemos leido por ahí la frase “dime cómo te amaron y te diré cómo amas”, es decir, ese primer vínculo de la infancia temprana es marcadora de cómo resolveremos las relaciones en la edad adulta, pero además debemos asumir y aceptar que las diferencias entre hombres y mujeres en este aspecto también han existido en nuestra cultura. Tener conciencia de ello es darnos cuenta que nuestra sociedad no favorece como quisiéramos la relación de pareja, por eso esta reflexión invita a entender el punto donde estas diferencias puedan complementarse y enriquecer la relación más que distanciarla y dejarla al margen de la entrega total que requiere el amor de pareja.

Jorge y Verónica están de aniversario de matrimonio el día viernes. Jorge se ha esmerado en preparar una velada romántica que incluye salir a comer, ver un espectáculo y la reserva de una habitación en un lujoso hotel. Lo único que le preocupa es que debe decirle a Verónica que el domingo desea ausentarse todo el día porque el tiempo está excelente para practicar alpinismo, su hobby preferido, y anticipa que ella se molestará y “lanzará” múltiples argumentos, -que a Jorge le cuesta comprender-, sobre la relación, los niños, su rol de padre, de esposo, su egoísmo, entre otros… El dice que adora a Verónica, pero no comprende su punto de vista cuando se trata de disfrutar separado de ella. ¿Será, en el fondo, que Jorge es una persona egoísta… o la egoísta será  Verónica?

Estimado lector, si usted es “Jorge” y ha vivido alguna experiencia parecida, compartirá la incertidumbre del protagonista. Si usted es “Verónica”, entenderá claramente su molestia. Para tranquilidad de todos los “Jorges” y “Verónicas” del mundo, este es un fenómeno que guarda más relación con parámetros culturales, que con egoísmo o despreocupación.

Si bien hombres y mujeres buscan lo mismo, han aprendido a amar de distinta forma por ser parte de dos subculturas diferentes.

Las diferencias entre hombres y mujeres se aprecian en muchos guiones de vida, y eso involucra el tema amoroso. Si bien hombres y mujeres buscan lo mismo, han aprendido a amar de distinta forma por ser parte de dos subculturas diferentes, y por ello adquieren los roles, valores y actitudes que hacen percibir el mundo en forma diferente. Ampliando lo anterior, algunos expertos identifican dos conceptos fundamentales para comprender que gatilla esta distinción, hablamos de la fusión y la separación, que serían dos elementos de un mismo continuo. Se dice que las mujeres aprenden a amar para (y desde) la fusión, y los hombres, para (y desde) la separación.

Veamos en qué consisten, cómo influyen en los problemas de pareja, y también como integrar ambos aspectos para transformarse en personas más completas.

 FUSIÓN Y SEPARACIÓN

La vivencia fusional se experimenta a través de la unión, real o fantaseada, donde se siente una entrega confiada, sin dudas ni temores respecto a que será  acogido por el otro. Esto produce gran placer, bienestar y plenitud que lleva a una cierta pérdida de los límites corporales y de identidad del yo. Hablamos del sentirse unido a través de un abrazo, una caricia, una mirada de aceptación o una entrega sexual que devuelve la sensación de estar completo, acompañado y protegido. Por otro lado, la vivencia de separación se experimenta como sensación de individualidad y autonomía, marcando la diferencia, y aportando el placer de conocer los propios límites.

El proceso evolutivo humano se desarrolla entre la fusión y la separación, con mayor énfasis en uno u otro según el ciclo vital, el distinguir este movimiento entre uno y otro es lo sano. En la infancia se requiere mayor fusión, y en la adolescencia es importante la separación para experimentar y buscar la propia identidad. En la etapa de enamoramiento, existe más fusión, pero a medida que se avanza hacia un amor maduro, se requiere tomar contacto consigo mismo, o sea, ir hacia la separación.

Muchos de los miedos a amar y problemas relacionales con la pareja, tienen que ver con miedo al atrapamiento o anulación.

Por otra parte, también existe un correlato negativo cuando la fusión se percibe como opresión y la separación como abandono y soledad. Muchos de los miedos a amar y problemas relacionales con la pareja, tienen que ver con miedo al atrapamiento o anulación, o sea, miedo a la fusión, o bien, con el miedo a la soledad que se relaciona con la separación.

¿CÓMO ESTOS ELEMENTOS LLEGAN A SER PARTE DEL FUNCIONAMIENTO FEMENINO O MASCULINO?

Culturalmente, a las mujeres se les enseña como valor importante el cuidado a los demás, teniendo este valor más peso que el espacio personal propio. Su valía personal se relaciona con el reconocimiento del otro. Hoy la mujer busca su autonomía económica y laboral, y muchas lo logran con gran éxito, no obstante en muchos talleres de autoconocimiento, aparece camuflado el tema de la autoestima y valía personal como culpas por “ser madres que abandonan a los hijos” o “abandonan el hogar”, “no le dan todo el tiempo que la pareja requiere, entre otras”, sin saber cómo manejar ese correlato interno.

Así como en las historias para niñas, el tema fundamental es el vínculo con otros y especialmente con la posible pareja amorosa.

Por el contrario, los cuentos para niños, giran en torno a héroes solitarios cuyo objetivo en la vida es la tarea a realizar. Así como en las historias para niñas, el tema fundamental es el vínculo con otros y especialmente con la posible pareja amorosa, en los cuentos de chicos lo importante es vencer al enemigo, defenderse del otro y cumplir la tarea. Si bien puede aparecer una compañera, realmente el vínculo amoroso se establece con la tarea. Es del caso recordar las historias originales de héroes como “Superman”, “El hombre araña”, “El hombre increíble”, entre otros.

Ocurre que este guion adquirido en la infancia se transforma en una “programación” que aflora en situaciones críticas, junto a nuestros traumas y frustraciones. Son los “temores inconscientes”, (perderse a sí mismo – que lleva a la búsqueda de la separación-, o perder al otro, -que lleva a la búsqueda de la fusión-), que generan el condicionador más efectivo para rigidizar estas posiciones de fusión o separación, generando muchas veces un juego sutil de chantajes afectivos que engancha a la pareja en una relación patológica y adscrita a roles inamovibles.

Cuando tal situación ocurre, lo más sano es observarnos desde nuestra multiplicidad de roles, (padres, amigos, hijos, amantes), y prestar atención a aquellos aspectos del rol que rigidizamos, (esas ideas rígidas que no dan pie a escuchar otras posturas, y al momento de defenderlas no cuentan con un argumento en el cual sustentarse). Para eso, debemos partir por contactarnos con nosotros y actuar desde nuestra propia consciencia y criterio, al margen de que la respuesta  guste o no.

Lo relevante es no perder este reconocimiento y aprender a amar y vincularse desde esta nueva autonomía individual.

Escrito por Mónica Briones Illanes, Psicóloga Clínica, Master Sexología y Terapia de pareja

(Artículo basado en los conceptos de la Dra. Fina Sanz.)

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