Entender el modelo del psicólogo estadounidense Robert Stenberg sobre la teoría triangular del amor puede ser un poco complejo. ¿Cómo aterrizarlo? “Cuando lo aplico a las parejas, yo lo llamo el IPC del amor, para hacerlo más asequible”, cuenta Alejandra Godoy, Directora Senior de CEPPAS, Centro de la Persona, la Pareja y la Sexualidad. De la misma manera que el IPC indica cómo estamos en la economía nacional, el IPC del amor también es un claro indicador sobre cómo está una pareja, cuáles son sus áreas más fuertes y cuáles las más débiles.

Alejandra es Psicóloga Clínica de la Universidad Católica, Doctorada en Psicología Clínica (Dr. Phil.) en la Freie Universität de Berlin, Alemania, y por su consulta pasan cientos de parejas que buscan maneras de solucionar sus conflictos o avivar su relación. Desde su experiencia, ella les propone otras miradas y les sugiere tareas para fortalecer los ángulos que quizás están más descuidados en una relación.

“La intimidad emocional no es una constante que pueda mantenerse todos los días en la vida de pareja, eso es imposible, solo puede darse en momentos especiales”

De los tres ángulos de la teoría triangular del amor, la intimidad es, por lejos, el más complejo: “La intimidad emocional no es una constante que pueda mantenerse todos los días en la vida de pareja, eso es imposible, solo puede darse en momentos especiales”, aclara Alejandra, y vincula la intimidad de manera estrecha con la comunicación. Ella sitúa este factor dentro de un contexto histórico, en donde señala que la comunicación se ha transformado en un tema dentro de una relación de pareja solo desde que la gente comienza a casarse por amor, o sea, desde el siglo 19 en adelante, y agrega que desde el año 1950, más o menos, es que la gente empezó a darle una importancia fundamental a la comunicación y provocó que se crearan expectativas alrededor de ella, al nivel de pensar que si no se da, todo está mal.

Alejandra define la intimidad como un acto en el que “no solo hay que desnudar el cuerpo, sino que también el alma, mostrarnos al otro y estar dispuestos a ver cómo es ese otro en realidad, interesarnos por él y que se interese en nosotros”. De nuevo, enfatiza en la importancia de la comunicación en este intercambio con la pareja, incluso proponiendo ciertas reglas a seguir que pueden ayudar a estimular el flujo de información entre ambos, creando un espacio y disposición diferentes para lograr la anhelada intimidad emocional.

Si un tema es importante para un miembro de la pareja, lo será inevitablemente para los dos.

Para comenzar a comunicarse de manera adecuada y más fluida, Alejandra sugiere la importancia de convenir el tema específico a conversar, junto con acordar el momento y lugar previamente y centrar la conversación en lo puntual para no irse por las ramas o sacar el pasado a flote. Siempre es importante practicar la empatía y entender que una percepción e interpretación objetiva de la realidad no es posible, reconociendo que si un tema es importante para un miembro de la pareja, lo será inevitablemente para los dos.

Algunas reomendaciones que Alejandra entrega para llegar a buen puerto es no interrumpir al otro, usar menos el “tú” y más el “yo”, evitar el ataque al otro o los juicios de valor que poco aportan y más bien dificultan el resultado, no victimizarse ni cuestionar las solicitudes de la pareja, y finalmente dar el derecho al “no” como respuesta a lo pedido, para posteriormente entrar en una negociación para lograr que ambos queden conformes con lo acordado.

Finalmente, Alejandra entrega un par de consejos que de seguro serán de mucha ayuda para todas las parejas que quieran mejorar su comunicación y así reforzar la intimidad emocional: establecer, una vez a la semana, una “cita romántica”, en donde dejemos de lado los celulares, los hijos, el trabajo y en general las exigencias de la vida cotidiana para hacer foco en la pareja. ¡Ojo! La idea tampoco es usar esta instancia para hablar de los problemas entre ellos, sino que tener una hora agradable solo en compañía del otro. Otra buena práctica es hacer el hábito de preguntarse el uno al otro qué fue lo mejor y lo peor de su día, con el fin de generar un pequeño diálogo que no solo nos ayuda a entender mejor al otro en su vida diaria, sino que además crea espacios de intimidad emocional que serán de gran ayuda para crear lazos fuertes entre los dos.

Conversaciones, empatía, negociaciones y conocerse el uno al otro como nadie más lo hace. Finalmente, plantea Alejandra, la intimidad emocional en una pareja podría entenderse como una gran amistad a la que cuando se le une la pasión, crea una relación que se diferencia de cualquier otra, pero que al igual que todas, hay que cultivar y cuidar si queremos que perdure en el tiempo.