Este artículo realiza un excelente resumen sobre los estudios respecto de la influencia del tipo de apego o vínculo temprano en la manera en que nos relacionaremos en la vida, especialmente en la elección y calidad de nuestras relaciones de pareja. Les dejamos aquí una síntesis que les ayude a identificar el tipo de apego que han desarrollado para poder entender porqué amamos como amamos, y cómo podemos amar mejor si logramos dejar de buscar en ese vínculo adulto las falencias del vínculo temprano, simplemente queriéndonos a nosotros mismos para poder querer a otros.

Hacia el desarrollo del Vínculo

Con esto, “la relación de apego actúa como un sistema de regulación emocional, cuyo objetivo principal es la experiencia de seguridad. Así, se desarrolla un sistema regulador diádico en el que las señales de cambio de los estados de los bebés son entendidas y respondidas por el cuidador, permitiendo alcanzar la regulación de esos estados” (Repetur y Quezada 2005: 5). Es importante mencionar que el vínculo propiamente tal se limita a unos pocos, y puede ser definido como un lazo afectivo que una persona o animal forma entre sí mismo y otro, lazo que los junta en el espacio y que perdura en el tiempo (Repetur y Quezada; 2005). Con este tipo de observaciones, se desarrolla la teoría del apego por el psicoanalista Inglés John Bowlby y colaboradores (en trilogía de Bowlby 1969, 1973 y 1980), en la que describe el efecto que producen las experiencias tempranas y la relación con la primera figura vincular en el desarrollo del niño (Moneta; 2009).

La importancia conductual del vínculo es la búsqueda para conseguir y mantener un cierto grado de proximidad hacia el objeto de apego, que va desde el contacto físico cercano hasta la interacción o la comunicación a través de la distancia (Bowlby, en Barudy 2006). Así, cuando un niño juega o se encuentra ante una separación de su figura de apego, el vínculo se mantiene pese a que las conductas de apego no se manifiesten.

Por otro lado, el individuo niño o adulto está predispuesto intermitentemente a buscar proximidad hacia el objeto de apego. Esta predisposición es el vínculo. Aunque la conducta de apego puede disminuir o hasta desaparecer en el curso de una ausencia prolongada del objeto de apego, el vínculo no ha disminuido necesariamente, esto debido a que el vínculo tiene aspectos de sentimientos, recuerdos, expectativas, deseos e intenciones, todo lo que sirve como un filtro para la recepción e interpretación de la experiencia interpersonal (Ainsworth, en Main, en Repetur y Quezada; 2005).

Conceptos Claves en la Teoría del Apego

Se ha comprobado que la seguridad del apego en el niño se relaciona con la existencia de una alta sensibilidad materna durante el primer año de su vida

Un aspecto relevante y clave en la investigación desarrollada por colaboradores de Bowlby para la teoría del apego es la de “sensibilidad materna”, ésta consiste en la habilidad de la madre para percibir las señales de su bebé, interpretarlas con precisión y responder de manera rápida y adecuada a las necesidades emocionales del niño. Con esto, se ha comprobado que la seguridad del apego en el niño se relaciona con la existencia de una alta sensibilidad materna durante el primer año de su vida (Ainsworth et al. en Moneta, 2009). Incluso, Bowlby subrayó la importancia de la mantención de una relación permanente y continua entre la madre o padre y su hijo y la relevancia de este vínculo en el desarrollo del niño.

Tipos de Apego

El apego produce que los lazos invisibles que se crean en las vivencias familiares estén caracterizados principalmente por sentimientos de pertenencia a ésta, es decir, por tener una proximidad física y emocional con los cuidadores primarios; siendo su expresión subjetiva, cuando este apego es sano, la sensación de Seguridad.

APEGO SEGURO:

Estos niños poseen un modelo mental de apego basado en la confianza de que las figuras de apego serán disponibles y responsivas.

En este tipo de formación vincular, se evidencia el placer del bebé por el contacto físico materno, ausencia de ansiedad en relación con separaciones breves y un uso inmediato de la madre como una “base segura” para la exploración y el juego. Esto vínculo permite que el niño discrimine, a partir de un momento de su desarrollo a familiares y extraños, disponiendo de una representación interna de sus figuras de apego; además, tiende a mostrar una buena conducta de proximidad y búsqueda de contacto, es decir, saben usar a sus madres como una fuente de regulación de estrés y exploración del ambiente, tienden a expresar de un modo claro sus expresiones afectivas y esperan ser reconfortados en ese aspecto. Por ende, sus estrategias de regulación tienden a ser efectivas en el sentido de que saben lo que quieren y consiguen. Estos niños han experimentado un patrón consistente de experiencias en donde sus necesidades han sido satisfechas y sus señales afectivas han sido claramente interpretadas y traducidas en acciones efectivas de regulación. Además, estos niños poseen un modelo mental de apego basado en la confianza de que las figuras de apego serán disponibles y responsivas, y como sus expresiones afectivas han sido correctamente interpretadas, estos niños confían en que sus emociones pueden ser expresadas de un modo adecuado, sin exagerarlas o inhibirlas, para lograr una protección de parte de sus cuidadores. En las relaciones con otros, evocan sentimientos de pertenencia, ya que interioriza figuras de apego, que son estables y disponibles para éste, pero separada de sí mismo, lo que permite que el niño o niña explore en su entorno y a los extraños, sintiéndose aceptados y en confianza. La influencia en este tipo de vinculo en la vida futura implica el desarrollo en la empatía, modulación de los impulsos, deseos y pulsiones, la construcción de un sentimiento de pertenencia y el desarrollo de sus capacidades, formación de una conciencia ética y el desarrollo de recursos para manejar situaciones emocionalmente difíciles como las separaciones que acarrean las pérdidas o rupturas. (Barudy. 2006)

APEGO INSEGURO EVITATIVO:

Este tipo de vínculo se desarrolla en sujetos que han sido cuidados en su primera infancia por cuidadores o padres cuyas relaciones con el niño son una combinación de angustia, rechazo, repulsión y hostilidad, expresado en actitudes o conductas controladoras, intrusivas y sobreestimulantes (Barudy. 2006). Los niños con este tipo de apego desarrollado presentan muy poca o nula conducta de búsqueda de proximidad y contacto, siendo éste uno de los aspectos más sobresalientes de estos infantes en la medida que parecieran no estresarse frente a la separación o reunión de su cuidador. Estos niños manifiestan muy poca o nula señal afectiva hacia su madre; o bien, pueden mostrar en otros casos signos mixtos de acercamiento y alejamiento, siendo la indiferencia y autonomía poco directa y clara. En este sentido, lo que se observa son conductas ambivalentes de acercarse y alejarse de su madre, junto a conductas de tendencia evitantes, es decir, poseen una tendencia a sobrerregular e inhibir toda la demostración de afectos hacia los cuidadores, manifestada en su actitud y expresión afectiva plana. Estas conductas autorreguladoras, estarían dirigidas a controlar el estrés, debido a que los padres presentarían una incapacidad de poder hacerlo de un modo afectivo con sus hijos. Esta tendencia es expresada en una actitud sobreinhibida en relación al sí-mismo y autonomía en relación a los otros.

Pareciera ser, que este tipo de sujetos, se encuentran en un permanente conflicto entre un deseo de conectarse emocionalmente con los otros y a la vez.

De este modo, este tipo de sujetos se caracteriza por poseer mecanismos de autoprotección, el cual consiste en evitar o inhibir los elementos conductuales que buscan la proximidad con su figura de apego, es decir, las respuestas que obtienen por parte de su figura de apego son generadoras de estrés, angustia y dolor, por este motivo, mantienen la tendencia a inhibir conductas de apego, ya que las situaciones que se relacionen con su mundo emocional son evitadas para proporcionarse vivencias de pseudo-seguridad. Pareciera ser, que este tipo de sujetos, se encuentran en un permanente conflicto entre un deseo de conectarse emocionalmente con los otros y a la vez, de ser exageradamente autónomos. A pesar de que se muestran como independientes y fuertes, en muchos casos, son sujetos que padecen bajos niveles de autoestima. (Barudy. 2006)

APEGO INSEGURO ANSIOSO-AMBIVALENTE:

Para este tipo de vinculo, se aprecia que estos niños han sido cuidados en su primera infancia por padres o cuidadores que han fallado al ofrecer una disponibilidad emocional y una implicación que consiste en satisfacer las necesidades de sus bebes, es decir, las necesidades físicas y emocionales, las cuales pueden pasar desapercibidos durante un tiempo considerable. Con ello, pueden existir también periodos de ausencia física de la madre prolongados; pero sobre todo lo que prima es la falta de disponibilidad psicológica, lo que hace que cuidados cotidianos del niño sean incoherentes, inconsistentes e impredecibles. Desde esto, este tipo de sujetos se caracteriza por la vivencia de profunda ansiedad de ser amados y lo suficientemente valiosos/as para otro y una preocupación en el interés y disponibilidad emocional que muestran los otros hacia éstos. Se desarrollan sentimientos de ambivalencia ante las figuras de apego, debido a sus necesidades afectivas insatisfechas en la infancia (Barudy. 2006).

FBAPEGO

Un aspecto a destacar en estos niños es la expresión de afectos mezclados que oscilan entre conductas de aferramientos, llantos y deseos de proximidad y mantenimiento hacia la madre por una parte, y un tono afectivo cargado de rabia, resistencia y exageración de afectos negativos, por el otro. En otros casos, se caracterizan por su pasividad, es decir, que el contacto y búsqueda por la madre es limitada, teniendo poca iniciativa de buscarla, con expresiones de rabia más resistentes. Estos infantes suelen ser muy sensibles y frágiles frente a la separación, a situaciones nuevas y a situaciones gatilladoras de estrés en general, además, presentan tendencias a exagerar sus afectos, como manera de elicitar mayor atención y predictibilidad en las conductas de cuidado de sus padres o cuidadores.

APEGO INSEGURO DESORGANIZADO:

Este tipo de apego se genera en ambientes familiares, donde sus padres o cuidadores han ejercido estilos de crianzas y relaciones parentales altamente incompetentes y patológicas como consecuencia de haber sufrido experiencias severamente traumáticas y/o pérdidas múltiples no elaboradas en sus propias infancias (Barudy. 2006). Estos niños tienen experiencias relacionales tempranas dolorosas y caóticas que ni siquiera se organizan para responder de una forma regular y característica en su relación con sus cuidadores, colapsando de este modo sus estrategias defensivas. Esto ocurre debido a que el desarrollo psíquico de estos niños es violento, desconcertante, temible e impredecible, con vivencias de terror, impotencia y falta absoluta de control sobre lo que ocurre, lo que perjudica en las relaciones que mantengan estos sujetos, ya que tanto la cercanía a una figura de apego como la lejanía provocan ansiedad, lo que se traduce en comportamientos hostiles y de rechazo en este tipo de personas. En estos sujetos, se observa una actitud hiperactiva en las tareas, donde éstos generalmente no puede quedarse sentados, interrumpen constantemente, violan límites de los deberes en sus lugares laborales o de estudio, incluso acuden a conductas extremas como reírse, molestar al resto, escaparse o retirarse de los lugares de trabajo o centros de estudio, entre otras. Sin embargo, algunos sujetos muestran actitud hipoactiva, siendo francamente pasiva; no desean hablar, responden de manera telegráfica, no colaboran con las demandas de tareas o trabajos. Las historias de estos sujetos generalmente oscilan en finales catastróficos, historias tormentosas y descontroladas, cambiando bruscamente de tonalidades afectivas y temáticas de sus historias (Lecannelier; 2009).

Apego y Romance. La formación de pareja y el vínculo temprano

Algunos autores (Cyrulnik; 2005) plantean que la elección de pareja es una decisión muy poco individual, esto debido a que por un lado las imposiciones sociales impulsan al sujeto hacia el grupo de los elegibles dentro de los estratos donde se desarrolle, destacando la pancarta etológica de dicho compañero o compañera, es decir, los significantes estéticos, la manera de vestirse, de adornarse, de usar su vocabulario, la sensualidad, la voz, el perfume, la mirada, la postura, entre otras, lo que reduce el espacio de búsqueda y, por otro lado, nuestras historias de vida, que marcan nuestros sentidos de pertenencia, de apego y cuidado desde el momento de la gestación, lo que marcará de igual modo nuestra elección de pareja para continuar con ese sentido de seguridad desarrollada en la infancia temprana a lo largo de nuestras vidas.

Si bien, los acercamientos amorosos se podrían analizar desde el siguiente postulado: “la simple presencia de otro en nuestro campo sensorial provoca el doble sentimiento contrario de atracción y temor” (Cyrulnik B. 2005:202), se puede observar que la intimidad entre compañeros se mantiene a un nivel confortable entre la soledad del alejamiento y la angustia de la cercanía. (Cyrulnik 2005: 204). No obstante, existen varias incapacidades vinculares para intimar, ya que el hecho de intimar, significa hacerse conocido en lo más intimo, conocer lo mas oculto, el centro de la persona y la verdad acerca de quién es. Como toda relación romántica implica necesariamente un tipo de vinculo más cercano, se debe comenzar entonces por el acercamiento, el encanto y el interés que ese otro provoca en su conquistado/a.

Sería un principio en la búsqueda de relaciones de pareja buscar la proximidad y resistir la separación.

Con esto, el amor romántico se puede conceptualizar como proceso de apego, influenciable directamente por las experiencias tempranas con las relaciones de apego, en sentido de un sistema de búsqueda, mantención de proximidad y cuidado, ya que el apego en niños pequeños involucra una mantención de proximidad y una protesta frente a la separación. Por lo tanto, según plantea Moneta (2009), sería un principio en la búsqueda de relaciones de pareja buscar la proximidad y resistir la separación, además de mantener una base segura usando la figura vincular como “base”, es decir, la búsqueda de una relación estable desde la cual explorar el entorno. Al igual que los esquemas de funcionamiento que desarrollan los niños en relación a los cuidadores, los adultos, obtienen seguridad de la pareja, sienten una necesidad de estar con el otro (ya sea una pareja casada o no), necesidad de querer estar con ese nuevo cuidador, y protestar cuando aparece la amenaza de separación o falta de disponibilidad del otro para con uno, en las necesidades de protección, cuidado y cariño.

Aunque esto parece obvio, estos aspectos no se habían planteado sino hasta ser estudiados por Hazan y Shaver en 1987 y 1988 (Moneta 2009), en estos trabajos sobre el “amor romántico” estudiaron que se pueden encontrar a lo menos tres tipos de apego en una relación de pareja: el seguro, el evitativo y el ambivalente.

– En el caso de un sujeto con desarrollo de apego seguro, usará en su relación de pareja un estilo seguro de apego con el otro, por lo tanto, buscará ayuda si lo necesita y confiará en quien eligió como pareja.

– En el caso de un sujeto con apego inseguro evitativo, tendrá dificultades para solicitar ayuda a su pareja y le costará confiar en el otro, provocando una incapacidad en este caso de compartir las preocupaciones personales o los miedos con la pareja.

– El caso de los inseguros ambivalentes, suelen pedir ayuda a sus parejas de una manera muy directa, ya que en este caso, estos sujetos han tenido experiencias tempranas con figuras vinculares poco disponibles e inconsistentes, lo que permite que el sujeto envíe señales exageradas para llamar la atención, manifestando deseos inconscientes de fusionarse con la pareja, mostrándose de este modo preocupados en cuanto a sus relaciones de afecto, llegando a sufrir duelos muy intensos con las separaciones o rupturas;

– Y en el caso de los sujetos desorganizados, pocas veces logran llevar a cabo relaciones estables o duraderas con otro, ya que se sienten amenazados en relaciones de tipo vincular, respondiendo con hostilidad hacia sus parejas, ya que su estilo de apego es a la vez indiferente, ambivalente y ansioso (Moneta; 2009).

Moneta (2009) plantea, que los tipos de relación que se dan con frecuencia son:

            1. Seguro con seguro

            2. Inseguro ambivalente con inseguro evitativo

            3. Inseguro desorganizado con inseguro desorganizado

En relación a los postulados de la teoría del apego y del autoconcepto o autoimagen propia, los tipos de relación se pueden graficar de la siguiente manera

En base a esto, se sostiene que el vínculo de apego es dirigido y constante hacia una persona en particular en la formación de relaciones románticas, con la implicancia de todos los sentimientos que ello conlleva, este vínculo al transformarse en relación de dependencia, las conductas del sujeto en la relación se transforman en conductas que apuntan a la aprobación por el otro, la atención y la ayuda, más que al compartir y el apreciarse mutuamente. Estas conductas de dependencia son más sensibles a las diferentes respuestas del otro; pudiendo ser fácilmente transferidas de un sujeto a otro, cuando las necesidades no son suplidas para éste. Esta situación afirma lo que plantea Ainsworth en relación a que este tipo de conductas no están dirigidas a un sujeto específico, sino más bien a cualquier persona que represente para éste cuidado, atención y protección (Lecannelier, 2009).

Se aprecia entonces, que en parejas que tienen ambos un vínculo seguro, serían más armoniosas sus relaciones, estando ambos motivados de mejor manera para formar y mantener relaciones interpersonales saludables, ya que un sujeto seguro, se siente cómodo en la cercanía de otro, sintiéndose confortable y manifiesta sus estados de ansiedad que puede provocarle una relación cercana. No obstante, de igual modo en este tipo de relaciones con vínculo seguro se aprecia cierta dependencia emocional, el sujeto necesita a su pareja y ésta necesita del otro, el problema se encuentra cuando esta necesidad se vuelve controladora dentro de la pareja. En cambio, los sujetos evitativos están más predispuestos a sentirse incómodos en la cercanía, por lo que en sus relaciones de pareja estará la tendencia a alejarse del otro cuando se sientan amenazados por la relación, ya que al no experimentar aceptación en sus relaciones tempranas, les impide desarrollar confianza y autonomía personal en sus relaciones adultas donde el afecto esté en juego, utilizando la evitación social como estrategia de protección para sostener autosuficiencia emocional que les da la ilusión de no necesitar a otro. En el caso de sujetos ambivalentes la necesidad de vincularse con el otro les asusta, porque desde su crianza se encuentra presente el dolor de no sentirse suficientemente amado y no agradable para su cuidador, por lo que sus relaciones van a girar en torno al supuesto de que nadie podrá realmente interesarse por ellos, interpretando desde esta creencia irracional todo lo que el otro (pareja) haga o no haga en la relación, con esto, ellos estarán en la constante preocupación de si sus parejas realmente los quieren, con un fuerte temor a ser abandonados y de este modo, repetir sus historias tempranas.

Si mencionamos el estilo de apego romántico, considerando la teoría del apego y las relaciones vinculares tempranas y de pareja, se puede apreciar que sujetos ambivalentes se esfuerzan especialmente por mantener sus relaciones, tendiendo a actuar como cuidadores de éstas, para ello, generalmente se debe complementar con sujetos evitativos, para de este modo confirmar sus modelos internos de inseguridad en el otro. De este mismo modo, sujetos evitativos suelen tener estabilidad en sus relaciones, porque tienden a emparejarse con un otro seguro o ambivalente, de este modo auto validan sus creencias y esquemas personales frente a este otro “cuidador”, que es generalmente quien mantiene la relación. En el caso de sujetos desorganizados o indiferentes, se plantean desde una relación donde no sean involucrados ni produzcan conflictos, contribuyendo de este modo a su propia estabilidad en la relación, pero no necesariamente a la felicidad o satisfacción emocional.

Cuidado y Vínculo en una Relación

En toda relación se espera que la pareja brinde cuidados a este otro, cuidados que se potencian mayoritariamente en tiempos de crisis o de dificultades, además de plantear en quien otorgue este cuidado de tener la capacidad de reconocer cuando su pareja necesita esta ayuda y proporcionársela, siendo además amoroso y respetuoso de la verdad de este otro, aceptándolo en toda su gama de ser y sentir, con aceptación y flexibilidad. Esta capacidad de dar cuidados, implica ser una figura de apego segura para la pareja, ser una fuente de confort, permitiendo al otro volverse hacia su pareja en tiempos de crisis. La importancia de esta habilidad, es que se desarrolla cuando el sujeto ha experimentado cuidados en su primera infancia, es decir, que estos adultos de niños tuvieron un cuidador sensible, que respondía a sus necesidades. En cambio, si el sujeto que brinda el cuidado vivenció experiencias negativas en su niñez, tendrá mayores probabilidades de ser poco sensitivo (Moreno 2002).

De este modo, es más aceptable una explicación de los estilos de amar y de relacionarse, esto es, en el amar a una pareja se involucran las habilidades de modular las emociones, la estabilidad, además del componente fisiológico. En otras palabras, para que haya una relación amorosa reciproca, se necesitan dos sujetos separados con capacidades autónomas y deseos de hacer contacto y honrar las diferencias entre ellos. Para que esto suceda, se requiere confianza en la pareja, confianza que no se perderá si hay un evento de separación, situación que es favorecida cuando los sujetos mantienen un apego seguro, ya que los sujetos que se crían de manera segura, manifiestan mayor autonomía que los inseguros, pueden mantener o reconocer sus propios límites con mayor facilidad en etapas de la adolescencia, lo que sería favorable para sus relaciones de pareja posterior (Moreno. 2002).

Conclusiones

Con esto, mencionar que las relaciones de crianza temprana por cuidadores significativos y las posteriores relaciones de pareja o relaciones románticas son influenciadas directamente por las experiencias vinculares desarrolladas en la temprana infancia; los tipos de relaciones de apego, ya sea parental o de pareja, se encuentran regidas por los modelos internos de funcionamiento y el estado psicoemocional del sujeto, lo que favorece o perjudica en el futuro de ese sujeto la búsqueda de una relación de cuidado, ya que indudablemente somos nuestra historia de vida, nuestra crianza y así nos desenvolveremos en la sociedad, en la búsqueda de nuevos cuidadores y por ende en la elección de pareja.

Muchas formas de intimidar en las relaciones de pareja adultas son repeticiones del contacto con sus propios cuidadores, como el lenguaje, el abrazarse, el acariciarse, entre otras. Muchas parejas interpretan roles de padre-madre e hijo en su comunicación, por eso se aprecian los sobrenombres como “papi”, “mami”, “bebé”; “guagua” en la pareja para comunicarse entre ellos. Con esto, la importancia de mantener la relación de pareja con la comunicación que se desarrolle en ésta, se debe apreciar la satisfacción mutua y por ende el tipo de apego que se genera entre ellos.

Cómo escribió alguien por ahí “Dime cómo te amaron y te diré cómo amas”, si quieres leer la monografía completa ingresa aquí

Monografía escrita por Vianny Barrera Silva

Psicólogo Universidad de Las Américas. Diplomada en Psicología Clínica Universidad de las Américas. Mg© Familia, Infancia y Adolescencia Universidad del Pacifico.