En esta edición, y eNconfianza, exploraremos otra de las dimensiones fundamentales para la construcción y consolidación del amor de pareja, nos referimos al aspecto afectivo de la relación, esa conexión íntima que sobrepasa lo físico y donde comienzan a compartirse nuestros sentimientos y entrelazar nuestros mundos, ese  espacio entre dos personas que podemos reconocer en la palabra COMPLICIDAD.

El autor de esta teoría triangular (Pasión, Intimidad y Compromiso), Robert Stenberg, define este componente como Intimidad Emocional, refiriéndose a ese aspecto humano que nos lleva a relacionarnos con otros para satisfacer las necesidades más profundas y afectivas de nuestra naturaleza. No se trata sólo de convivir con otro sino de que ese otro nos escuche, nos comprenda y sobretodo nos acepte tal cual somos, y luego, nos ayude con amor, a ser mejores cada día ¿no les suenan conocidas estas palabras?

Esta relación va configurando nuestra autoestima, la seguridad en nosotros mismos y la confianza en el mundo que nos rodea.

Esta necesidad existencial de estar con otro, proviene desde nuestro nacimiento y de ese primer vínculo afectivo que construimos con la figura materna. Esta relación, además de ser vital para sobrevivir, va configurando nuestra autoestima, la seguridad en nosotros mismos y la confianza en el mundo que nos rodea. El apego inicial, nombre psicológico con que se conoce ese primer vínculo, será una variable fundamental en la búsqueda (consciente o inconsciente) de esa conexión especial con otro que llamaremos pareja en la edad adulta.

La teoría de apego nos dice que sí éste fue “sano y seguro” significa que podremos conseguir en la adultez un buen conocimiento sobre nosotros mismos y que, por lo tanto, lograremos elegir una pareja que nos complemente y enriquezca, y no necesariamente, nos mantenga la vida evitando vínculos profundos o construyendo relaciones de dependencia que ahogue y ahuyente a otros de nosotros.

¿qué hacemos para cuidarla y mantener esa relación? ¿O acaso nos da miedo ese nivel de entrega y lo dejamos hasta ahí?

Al parecer conseguir esta conexión íntima que, a nuestros ojos y el de los demás, sea la demostración de una complicidad única entre dos personas no es tan fácil,  ¿cuántas relaciones observamos que tienen esa conexión?, qué hacemos cuando al conocer a alguien nos damos cuenta que lo pasamos bien, nos reímos, escuchamos atentamente de dónde viene, qué hace, quién es y la queremos seguir conociendo en otra cita y a quien terminamos contando con confianza nuestros secretos ¿qué hacemos para cuidarla y mantener esa relación? ¿O acaso nos da miedo ese nivel de entrega y lo dejamos hasta ahí?

Además de nuestra propia historia, estamos insertos en una cultura que no favorece mucho el contacto íntimo del cual estamos hablando; sólo como ejemplo, a veces la tecnología puede ser un obstáculo y una excusa para no vernos las caras; o la premura del tiempo y la sobrecarga de responsabilidades laborales y familiares no nos deja espacio para compartir una buena conversación sólo de a dos como solía ser al principio de la relación, ¿qué estamos haciendo para recuperar ese tiempo y espacio exclusivo de la pareja que permita cultivar esta necesaria complicidad?

La complicidad, el vínculo afectivo o conexión emocional que distinguirá a esa persona especial de entre el montón.

Te invitamos a hacerte estas preguntas a través de esta edición, para que si estás eNpareja o estás pensando en hacerlo no te olvides de este elemento esencial para consolidar una relación de a dos: la complicidad, el vínculo afectivo o conexión emocional que distinguirá a esa persona especial de entre el montón, como una luz natural que alumbrará lo mejor de ti en relación con otro que te acepta y muestra, a su vez, lo mejor de sí.

Escrito por Luz Poblete Coddou