Hace algún tiempo partí atendiendo un caso en mi consulta que me ha hecho reflexionar muchísimo… Hombre, de 35 años, soltero, sin hijos, atractivo, simpático, con un trabajo que disfruta y tranquilo económicamente. La razón por la que consulta es porque ha tenido constantes relaciones de pareja que luego de aproximadamente 2 años, él se comienza a sentir desmotivado, por lo tanto asume que el amor se está diluyendo y que probablemente tiene que ver con que: “ella no era la mujer para mi, si estuviese realmente enamorado, no me preguntaría si sería más feliz con otra”. Evidentemente que luego de algunos términos consecutivos de este tipo, comienza a cuestionarse si efectivamente el problema tenía que ver con que las parejas cambiaban y comenzaban a depender de él, o era él el que mantenía la idea en su cabeza, de que siempre podría haber alguien que lo llenara completamente y nunca más necesitara pensar que podría haber elegido “una mejor opción”.

Mientras más alternativas tenemos en la vida siempre el costo de decidir por una será acompañado de la duda de haber elegido la mejor opción…

Desde este caso comencé a asociar ideas con una Ted Talk que me recomendó un colega (sitio web donde se exponen ideas a través de relatorías) que trataba precisamente sobre “La paradoja de Elegir”. En ésta el psicólogo Barry Schwartz apunta hacia un principio central de las sociedades occidentales: la libertad de elección.  Él expone la idea que existe un Dogma oficial en estas sociedades industriales que se basa en: “si queremos maximizar el bienestar de nuestros ciudadanos la manera que existe para hacer esto, es maximizar su libertad individual.  Y la forma de llevarlo a cabo es expandiendo al máximo sus posibilidades para ELEGIR”. Llevando esta idea a lo concreto es que si yo quiero comprar hoy en día un brillo labial, me encuentro probablemente en la farmacia con más de 30 tipos de brillo labial. Efectivamente aquí soy absolutamente libre de elegir el brillo que yo quiera, que se adapte a lo que busco y necesito, que tenga mejores atributos, que se adapte a mi presupuesto, en fin, tengo una “explosión de posibilidades”. Sin embargo, compro mi brillo, jamás 100% segura de mi decisión, ya que habían otros que me hicieron dudar, pero me voy a mi casa con mi  nuevo producto. Y pienso en el camino si habré hecho la mejor compra, porque a pesar de que era el que más me gustó, quizá no era el mejor, o podría haber habido una alternativa superior. ¿Qué trato de transmitirles con un ejemplo tan básico pero tan real? Que lo que propone Schwartz es muy cierto: mientras más alternativas tenemos en la vida siempre el costo de decidir por una será acompañado de la duda de haber elegido la mejor opción y probablemente esto disminuya mi capacidad de disfrutar lo que tengo.

¿Les suena exagerado? A mi me hace muchísimo sentido, pongámoslo desde la otra perspectiva: si voy a la farmacia y sólo existe UN tipo de brillo labial que es el que todo el mundo usa y no hay opción de acceder a otro: Lo compro, jamás dudo de mi decisión porque no tengo más posibilidades y me voy feliz a mi casa porque hice la mejor compra… no cabe espacio a la duda porque no hay otra alternativa que me haga cuestionar si mi decisión fue la mejor. Es entonces, desde el planteamiento de Schwartz, que mientras más opciones hay en la vida, más expectativas ponemos en las cosas y menor capacidad para ser feliz.

Muchas personas tienden a pensar que se murió el amor, que deberían encontrar a una persona que SIEMPRE les haga sentir mariposas…

Relacionémoslo con el ejemplo de mi paciente. Cuando el “enamoramiento” (como etapa del amor) declina, proceso normal en TODAS las relaciones de pareja en el mundo (no significa que uno ya no ame a la persona, sino que las “mariposas” del principio bajan un poco, empezamos a ver a la persona real y no la idealizada y estamos en vías de tener una relación más estable) y declina también la deseo desmedido del principio, muchas personas tienden a pensar que se murió el amor, que deberían encontrar a una persona que SIEMPRE les haga sentir mariposas y deseo sexual cada minuto y que a pesar de que sientan mucho cariño, el rumbo de sus vidas es buscar una opción que los llene en todo. Como pudimos dar cuenta con el ejemplo de los brillos labiales, en el elegir siempre habrá una duda de haber hecho la mejor decisión, y podemos pasarnos la vida probando parejas que nos hagan sentir completas para siempre. Con esto no quiero que piensen que les estoy sugiriendo “conformarse”, sino darse cuenta de que en cada decisión que tomemos en la vida, SIEMPRE habrá algo que nos haga dudar y por lo mismo vivir con expectativas de que el amor y las relaciones de pareja deben concretarse con alguien que cada minuto de la vida te haga sentir fuegos artificiales es una locura.

La decisión de hacer pareja es hacerse cargo de lo que uno elige, sabiendo que tienes más opciones y que siempre las habrán, pero que de la que tomaste, te vas a responsabilizar y hacer funcionar, porque es la que quieres que funcione para Ti.

Nerea de Ugarte López – Psicóloga Clínica

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