Que pasa si todo ha ido bien entre dos personas que se conocen, existe atracción física y compatibilidad sexual; si después de cada salida en que se han ido conociendo reconocen que se llevan bien, que lo pasan bien, que hay conexión, no es válido preguntarse, eNconfianza, si esa relación tiene futuro. Aparece así, el tercer de los pilares que, según Robert Stenberg cierra el triángulo del amor junto con la Pasión (Sexualidad) e Intimidad Emocional (Complicidad), permitiendo distinguir  la relación de dos personas como una Pareja Estable, nos referimos al COMPROMISO.

Cuando hablamos de compromiso en el ámbito de pareja nos referimos al aspecto más racional de la relación, pues constituye, por un lado, una elección condicionada por la personalidad, la historia personal, las experiencias anteriores y por supuesto, por la conexión lograda con la persona que hemos conocido, y por otro, es sin duda una decisión voluntaria entre dos adultos que quieren construir un proyecto común.

Lograr este nivel con una pareja responde a la necesidad básica de seguridad y estabilidad que buscamos como seres humanos, por eso esta relación se ha convertido en una de las fuentes de felicidad por excelencia. El formato con que hoy conocemos el compromiso entre dos personas es múltiple y variado, siendo lo más importante que esa forma sea la acordada por la propia pareja, idealmente, lejos de las presiones externas y sociales de antaño, que aunque no lo crean aún existen en nuestra cultura actual.

Crear un lenguaje propio y desarrollar la capacidad de comunicar y renovar ese código en cada etapa de la vida en pareja.

Ahora bien, es innegable que todos quienes forman pareja son únicos y tienen sus propias expectativas de lo que significa el compromiso, por eso es importante encontrar y apreciar las creencias comunes, crear un lenguaje propio y desarrollar la capacidad de comunicar y renovar ese código en cada etapa de la vida en pareja. Cuando se está  construyendo ese nosotros, seguro que estos mundos chocarán, nadie dijo que iba a ser fácil, el desafío es construir algo nuevo, un nosotros con lo mejor de esos dos universos que traemos a cuestas. Una pareja sólida entiende sus diferencias, aceptando que no todo es perfecto, pero es valioso porque es Nuestro.

La pareja se consolida y se proyecta cuando ambos se reconocen en ese vínculo y están dispuestos a jugársela por la relación. Son muchas las dimensiones de la vida que habrá que negociar para lograrlo: la relación con la familia del otro, sus amistades, las costumbres de cada uno, los espacios exclusivos de la Pareja, entre otros. La clave en cada etapa del ciclo de vida de la pareja es estar dispuesto a asumir los acuerdos y a elegir las batallas que valen la pena dar para no perder la relación. Ninguna pareja será igual a otra, porque cada una se construye como un juego con reglas propias.

¿Cuántas relaciones “serias” podemos reconocer en nuestro historial amoroso?, ¿cuántas de ellas queremos que perduren en el tiempo y por qué?, ¿cuándo estamos dispuestos a jugárnosla y a compartir incluso en tiempos de pan y cebolla? Son preguntas que quizás no podamos responder, pero al menos te ofreceremos una alternativa para que lo pienses y renueves tu compromiso o te preguntes porqué aún no has dado el paso.

Escrito por Luz Poblete

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