Por un lado, las tendencias estadísticas nos muestran el crecimiento de la población soltera y conviviente en nuestro país y, por otro lado, en el registro civil podemos constatar la baja de las celebraciones matrimoniales y el aumento de los divorcios desde que existe la ley. Cabe preguntarse entonces qué estará pasando con las parejas chilenas cuando piensan en comprometerse, qué significa para ellos, qué ganan o pierden para sí mismos y para la relación, cómo ha cambiado la forma de comprometerse en el tiempo, o sólo basta con irse a “Vivir Juntos”…en fin muchas preguntas para reflexionar en esta edición de eNpareja. Los dejamos con este estudio sobre la Cohabitación.

Estudio asegura que estabilidad matrimonial beneficia más a la sociedad que la convivencia

Publicado el 9 julio 2014

El porcentaje de convivientes entre 15 y 29 años aumentó del 9% al 14% entre el año 2000 y el 2011.

Desde hace algunas décadas, el crecimiento de los índices de cohabitación es un fenómeno significativo en la mayor parte de Europa occidental, Norteamérica y América Latina. Aunque hay claras diferencias, resulta innegable la creciente tendencia del mundo occidental hacia esta nueva estructura familiar. Pero si bien parece unidireccional, la rapidez del cambio y la disparidad en su incidencia dificultan nuestra comprensión de este tipo de uniones.

Esto en el contexto de un matrimonio “que ha ido perdiendo su interés comunitario y volcándose más hacia los intereses individuales de quienes lo componen”. No obstante, “hoy en día el matrimonio aún se percibe, por una gran mayoría, como la expresión más alta de compromiso, fidelidad y responsabilidad dentro de nuestra sociedad”.

Debe evitarse describir dichos cambios como un simple proceso de “creciente aumento de la libertad.

De acuerdo al informe realizado por el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) “Vivir Juntos”, el extendido carácter que ha adquirido la cohabitación constituye uno de los cambios de mayor envergadura en la estructura familiar de nuestra sociedad”. Sin embargo, destaca que debe evitarse describir dichos cambios como un simple proceso de “creciente aumento de la libertad”, pues “en el inicio de la convivencia tiende a ser mucho menos frecuente, en comparación con el matrimonio, la existencia de un proceso consciente de deliberación”. Las parejas que conviven tienden en una proporción mayor a haberse “deslizado” a la cohabitación en lugar de haberla elegido.

¿Qué sabemos sobre la cohabitación en Chile?

Según el estudio realizado por la historiadora Catalina Siles y el doctor en filosofía Manfred Svensson, se estima que hoy existen en Chile aproximadamente 2 millones de personas que conviven con su pareja sin estar casados. La cifra de los casados, en tanto, se acerca a los 5 millones de habitantes, apenas doblando a quienes cohabitan.

La encuesta CASEN, por su parte, revela que las uniones de hecho han aumentado de forma considerable entre la juventud chilena. El porcentaje de convivientes entre 15 y 29 años aumentó del 9% al 14% entre el año 2000 y el 2011, mientras que el porcentaje de los casados descendió del 17% al 6% en el mismo periodo.

Parece tratarse de forma predominante entre los jóvenes en Chile de una unión previa al matrimonio.

La Encuesta INJUV 2012 señala que un 16% de la población joven soltera vive con su pareja. De ellos un 6% corresponde a un sector socioeconómico alto, 15% al sector medio, y un 20% a los sectores más bajos de la población. Sin embargo, parece tratarse de forma predominante entre los jóvenes en Chile de una unión previa al matrimonio, más que de una alternativa al mismo.

La investigación destaca que el cambio en el número de quienes conviven ha ido acompañado por un cambio, tal vez, incluso más elocuente en la valoración de la cohabitación hacia una amplia aprobación.

Según la Encuesta Bicentenario de 2011, solo un 30% de los chilenos manifiesta reparos respecto de la convivencia, y alrededor de un 35% considera que las parejas que conviven deben casarse cuando deciden tener hijos. Las cifras del INJUV, por cierto, destacan una progresiva revaloración del matrimonio entre la juventud, con alrededor de un 57% considerando el matrimonio como una institución para toda la vida. 

El impacto de la cohabitación en adultos y niños

Los investigadores son enfáticos en asegurar que al mostrar los efectos de la cohabitación —la mayoría tomados de estudios europeos y norteamericanos—, si bien no se puede generalizar, sí es posible observar ciertas tendencias que no podemos obviar.

La literatura disponible indica que este cambio implica consecuencias importantes para adultos y niños involucrados en las relaciones de convivencia mostrando diferencias relevantes en materia de bienestar físico, emocional, social y económico, respecto de los miembros de las familias de base matrimonial. Esto, según señala el documento, debido a la inestabilidad y falta de compromiso características de las convivencias, es decir, si no hay proyección de permanencia e incondicionalidad, la “inversión” que se hace en la relación tiende a ser menor.

El estudio destaca que si bien la estructura del matrimonio y la familia han cambiado de diversos modos a lo largo de la historia; lo que no ha cambiado, inequívocamente, es su relevancia para los niños.

Las familias basadas en matrimonios, donde suele haber una mayor estabilidad, tienen, en promedio, mejores condiciones materiales.

El informe asegura que “la estabilidad de la convivencia sigue siendo baja aunque llegue a tenerse hijos, afectando la disponibilidad, compromiso y responsabilidad en las relaciones parentales”. Las familias basadas en matrimonios, donde suele haber una mayor estabilidad, tienen, en promedio, mejores condiciones materiales: mayor capacidad de ahorro, mayor inversión económica y seguridad financiera. Asimismo, los resultados en el rendimiento escolar y nivel de educación favorecen más a las familias con ambos padres casados.

Buena parte de las cifras muestran el impacto de una estructura familiar débil en las probabilidades de incurrir en conductas de riesgo, tener problemas emocionales y de salud física, entre otros factores.

Fuente: Diego Jofré  

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