Según un estudio, el discutir con la pareja, a niveles elevados, además de disminuir nuestro estado de ánimo, puede afectar nuestra salud. ¿Crees que una relación conflictiva puede impactar de manera importante tu salud física y mental? Por muy obvia que parezca la respuesta, a continuación explicamos el porqué de ella.

No todo se olvida con la reconciliación

Luego de pelearnos, viene un momento que esperamos con ansias: la calma y luego la reconciliación, en cuyo momento nos ponemos a reflexionar sobre lo que ocurrió, y esperamos con tranquilidad ser perdonados, perdonar o al menos aclarar las cosas. Sin embargo, aunque este fuese el escenario ideal después de una  pelea, no todo se olvida con la reconciliación: la mente y el cuerpo de una persona que lleva tiempo inmersa en una relación conflictiva, acumula ese desgaste emocional, llegando a enfermar física y psicológicamente.

Esta es la conclusión que nos entrega un estudio que se realizó en la universidad de Washington, en donde se evaluó parámetros como la respiración, el ritmo cardiaco, el nivel de sudoración y la emisión de hormonas en parejas enfrascadas en una discusión.

N2_Más peleas menos salud

Dentro de las reacciones corporales inmediatas que se pudieron observar estaba la elevación de la sudoración y adrenalina, aumento de la presión arterial y del ritmo cardiaco, parálisis del cuerpo entre otros síntomas que sin duda están presentes en personas que no están del todo sanas. Con esto, se concluyó que las parejas conflictivas tenían problemas de estrés crónico, deficiencias en su sistema inmunológico, problemas en el sistema nervioso autónomo, problemas de ansiedad, depresión, adicciones, trastornos psicosomáticos, entre otros.

La importancia del autocuidado y la responsabilidad por nuestra salud, nos lleva como organización a entregarles herramientas que mejoren la relación de pareja en beneficio de la propia salud:

La mayoría de las discusiones comienzan por malos entendidos

1. Lo primero frente a una hecho difícil o conflictiva es HABLAR PARA ACLARAR, centrarse en los hechos y no en la persona, se puede confrontar una situación preguntando y no derechamente incrimando, pues la mayoría de las discusiones comienzan por malos entendidos, y continúa creciendo por la forma en que lo planteamos, olvidando muchas veces la razón de la pelea y quedándonos con el desgaste de la relación por enfrentarla de mala forma.

2. Cuando la situación no se ha podido controlar antes y comienza la escalada hacia la discusión, y luego hacia la pelea; por más rabia que nos invada, hay que aclarar desde el principio de la relación la regla de NO agresión, es decir, jamás debe permitirse en una relación insultos o agresiones ya sea físicas o verbales.

Muchas veces cuando la emoción está invadiéndonos, ya no somos capaces de pensar con claridad y terminamos dañando al otro

3. Cuando ya la situación ha llegado al punto de la pelea, y se siente que se caerá en lo mismo de siempre, y la discusión, a la que están acostumbrados, parece inevitable, hay que darse un tiempo (time out), el que esté más despejado debe parar en ese mismo momento para que ambos puedan respirar y pensar (avisar que no van a seguir conversando así, salir del lugar, contar hasta mil, dejarlo para otro momento) antes de pronunciar cualquier cosa que dañe al otro, muchas veces cuando la emoción está invadiéndonos, ya no somos capaces de pensar con claridad y terminamos dañando al otro, a la relación y a nosotros mismos.

4. Si los conflictos persisten y sienten que, aún poniendo de su parte, las discusiones no se han minimizado, lo mejor es acudir a un terapeuta de pareja, con guía y orientación más temprano que tarde, lograrán superar este “bache” en su relación.

Fuente La Vanguardia