Al menos desde mi experiencia como terapeuta, una terapia de pareja no necesariamente conduce a una reunión amorosa suficientemente armónica. Aunque ello pueda suceder con cierta frecuencia, otras veces me encuentro operando como un tercero que termina facilitando una separación menos destructiva.

En una terapia de pareja, de lo que se trata es de comprender las propias historias de cada uno en su encuentro -y desencuentro- en el escenario del vínculo. Muchas veces, cercano a terminar un proceso de pareja, escucho frases como estas: “ahora veo con mucha más claridad que estaba pidiéndole a mi pareja que me diera lo que no me dieron mis papás”, o “yo no la estaba mirando… no me daba cuenta que ella es una persona distinta y no una proyección de mis propias expectativas”.

Por eso es que resulta útil intercalar sesiones de pareja con sesiones individuales, en un encuadre flexible, adaptado a las necesidades de la pareja y abierto a la incorporar lo creativo e imprevisible.

Ps. Sebastián León, psicoanalista y PhD en psicología.

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